"Yo soy yo y mis circunstancias, y si no las salvo a ellas, no me salvo yo" – Ortega y Gasset.
Esta frase ilustra de forma sencilla lo que la Psicología Contextual plantea: no somos solo lo que pensamos o sentimos, sino también las circunstancias que nos rodean y cómo nos relacionamos con ellas.
La Psicología Contextual forma parte de las llamadas terapias de tercera ola o tercera generación de terapias conductuales, surgidas en los años 90.
A diferencia de modelos anteriores, que ponían el foco en cambiar conductas (conductismo clásico) o en modificar pensamientos (terapia cognitiva), la Psicología Contextual se centra en:
La función de la conducta (qué hace, para qué sirve).
El contexto en el que aparecen pensamientos y emociones.
La relación que tenemos con nuestra experiencia interna, más que en el contenido de lo que pensamos.
Vivimos en una cultura que nos anima a mirarnos hacia dentro de manera constante: reflexionar, autoanalizarnos, pensar sobre lo que sentimos… A primera vista, parece algo positivo. Sin embargo, como explica Marino Pérez (2008), cuando esa capacidad de auto-reflexión se vuelve excesiva, aparece lo que él denomina hiperreflexividad.
La hiperreflexividad es paradójica: Nos da conciencia de nosotros mismos, pero a la vez nos atrapa en un bucle de análisis y rumiación. Convierte problemas normales de la vida (conflictos, pérdidas, frustraciones) en trastornos psicológicos. En otras palabras, cuanto más intentamos resolver ciertos problemas “pensando más”, más nos enredamos en ellos.
¿Cómo interviene la Psicología Contextual?
En lugar de intentar “controlar” o “eliminar” pensamientos negativos, la Psicología Contextual propone dos claves terapéuticas fundamentales:
Desenredamiento auto-reflexivo: Observar pensamientos y emociones sin luchar contra ellos. Dejar de quedar atrapados en el bucle del análisis excesivo.
Activación conductual: Volver a implicarnos en la vida real. Enfocarnos en actividades y acciones valiosas que aporten sentido.
El objetivo no es tener una mente “en blanco”, sino aprender a convivir con lo que pensamos y sentimos mientras avanzamos hacia lo que importa.
Dentro de esta corriente se encuentran diferentes terapias que comparten la misma filosofía:
Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT): flexibilidad psicológica y vida orientada a valores.
Psicoterapia Analítico-Funcional (FAP): la relación terapéutica como espacio de cambio.
Activación Conductual (AC): recuperar la acción frente a la depresión.
Mindfulness aplicado a la clínica: entrenar la atención plena y la aceptación.
Terapia Dialéctica Conductual (DBT).
Terapia Conductual Integral de Pareja (IBCT).
La Psicología Contextual puede ser útil si sientes que: Piensas demasiado y no encuentras salida. Estás atrapado en rumiaciones o preocupaciones. Sufres ansiedad, depresión u otros problemas emocionales. Quieres dejar de luchar contra tu mente y empezar a vivir con más libertad.
El enfoque contextual te invita a aceptar lo que no puedes cambiar, desenredarte de tus pensamientos y comprometerte con una vida más coherente con tus valores.
La Psicología Contextual nos recuerda que no existe un “yo” sin circunstancias. Somos lo que sentimos, pensamos y hacemos, pero también el mundo en el que vivimos y la forma en que nos relacionamos con él.
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