Muchas parejas llegan a consulta con una preocupación común:
“Ya no sentimos el mismo deseo que antes” o “uno quiere más que el otro”.
Este fenómeno, conocido como deseo sexual bajo o discrepante, es más frecuente de lo que parece. Sin embargo, suele interpretarse de forma errónea: como falta de amor, de atracción o incluso como un problema individual.
Desde la sexología y la psicología contextual, sabemos que el deseo no desaparece sin motivo. Cambia en función del contexto en el que se desarrolla.
Una forma sencilla de entender el deseo erótico es a través de una metáfora: el gusto.
Cuando una persona siempre come lo mismo, su paladar se acostumbra. Los sabores dejan de sorprender, la motivación disminuye y la experiencia pierde intensidad.
Con el deseo ocurre algo similar.
Cuando la intimidad se vuelve:
el cuerpo responde cada vez menos. No porque haya un problema, sino porque la experiencia ha perdido novedad y estímulo.
En muchos casos, el llamado “bajo deseo” no es ausencia de deseo, sino una respuesta adaptativa a un contexto poco estimulante o cargado de presión.
Algunas situaciones habituales son:
En estos casos, el deseo no desaparece, sino que deja de activarse.
Uno de los factores que más interfiere en la respuesta erótica es la presión.
Cuando el encuentro íntimo se convierte en algo que “debería ocurrir”, el cuerpo deja de responder desde la motivación y empieza a hacerlo desde la exigencia.
Esto puede generar:
Es importante entender que el deseo no funciona bajo presión. No se puede forzar sin que aparezcan consecuencias.
En muchas parejas aparece una diferencia en el nivel de deseo.
Una persona busca más contacto íntimo.
La otra necesita más tiempo, contexto o condiciones.
Esto suele generar un patrón:
El resultado es un círculo donde:
Y el deseo, lejos de aumentar, se bloquea aún más.
Desde la terapia sexual basada en la evidencia, el objetivo no es “aumentar el deseo” de forma directa, sino crear las condiciones para que pueda aparecer.
Algunas claves importantes:
Explorar nuevas formas de conexión, sin limitar la intimidad a un único tipo de encuentro.
Salir de la lógica de obligación o rendimiento.
Volver a relacionarse con la experiencia desde la apertura, no desde la expectativa.
El deseo aparece con más facilidad cuando el contexto es seguro, no evaluativo.
Si sientes que el deseo ha disminuido o que hay diferencias en la pareja que generan malestar, trabajar estos aspectos en terapia puede ayudarte a comprender qué está ocurriendo y a construir nuevas formas de conexión.
📍 Terapia sexual y psicología en Majadahonda
📍 Terapia de pareja y sexología en Paseo de Extremadura, Madrid
El enfoque de trabajo es profesional, respetuoso y adaptado a cada historia, sin juicios ni soluciones estandarizadas.
El deseo no es algo que se tenga o se pierda.
Es algo que responde al contexto.
Cuando la experiencia se reduce, el deseo se apaga.
Cuando se amplía, puede volver a aparecer.
El deseo erótico en pareja no es algo fijo, sino una respuesta que depende del contexto, la novedad y la forma en la que se vive la intimidad. Cuando la experiencia se vuelve repetitiva o está cargada de presión, es habitual que aparezca deseo sexual bajo o discrepante. En este artículo exploramos por qué ocurre y cómo trabajarlo en terapia sexual y de pareja en Majadahonda y en la zona del Paseo de Extremadura, Madrid.
¿Cómo gestionar los celos con terapia de pareja? En nuestro centro de psicología en Majadahonda y Paseo de Extremadura, utilizamos la psicología contextual (ACT) para romper el bucle del control. No buscamos eliminar los celos, sino enseñar a la pareja a actuar bajo sus valores de confianza y libertad, evitando que la inseguridad gobierne la relación.