Vivimos rodeados de mensajes que nos invitan a ser felices todo el tiempo, como si sentir tristeza, miedo o cansancio fuera un error que hay que corregir. Pero una vida plena no es una vida sin dificultades. No se trata de buscar una felicidad artificial ni la ausencia de problemas. El objetivo es aprender a hacer espacio al malestar para poder seguir dirigiendo nuestra energía hacia aquello que de verdad nos importa en la vida.
Felicidad no es lo mismo que sentido
La felicidad, entendida como un estado de bienestar, va y viene. Depende de muchas circunstancias que no controlamos. El sentido, en cambio, tiene que ver con la dirección: con vivir de acuerdo a lo que valoramos, incluso en los días difíciles.
Cuidar de un familiar enfermo, sostener una relación en un momento de crisis o empezar un proyecto que nos da miedo no siempre es agradable. Y, aun así, puede ser profundamente significativo.
El dolor forma parte de la vida; el sufrimiento aparece cuando dejamos de vivirla por intentar evitarlo.
Los valores como brújula
En la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) trabajamos con los valores: aquellas cualidades que queremos que estén presentes en nuestra forma de vivir. Ser una persona cercana, honesta, curiosa, valiente o cuidadosa con los demás son ejemplos de valores.
A diferencia de los objetivos, los valores no se «terminan». No se tacha «ser buena amiga» de una lista; se elige una y otra vez, en pequeños gestos. Por eso funcionan como una brújula: nos indican hacia dónde caminar aunque el terreno sea complicado.
Algunas preguntas para empezar
- Si el malestar que sientes ahora no estuviera, ¿qué harías de forma diferente?
- ¿Qué te gustaría que dijeran de ti las personas que más quieres?
- ¿En qué momentos de tu vida te has sentido más tú misma o tú mismo?
- ¿Qué pequeño paso podrías dar esta semana en esa dirección, aunque te cueste?
Pequeños pasos, no grandes cambios
Vivir con sentido no requiere transformar nuestra vida de un día para otro. Se construye con acciones concretas y alcanzables: una llamada pendiente, un rato de calidad con quien queremos, decir que no a algo que nos aleja de lo importante. Cada uno de esos gestos es una forma de elegir qué tipo de vida queremos vivir.
La dificultad seguirá apareciendo, porque forma parte de estar vivos. La diferencia está en que ya no tiene la última palabra sobre lo que hacemos.
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